Un documental reciente, “Deepfaking Sam Altman”, explora los extremos absurdos a los que llegó un cineasta en un intento de crear una réplica convincente de inteligencia artificial del director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman. El experimento de Bhala Lough reveló rápidamente las limitaciones de la tecnología de inteligencia artificial actual; Incluso un deepfake rudimentario no logró pasar el escrutinio básico.
El intento fallido de deepfake
Inicialmente, Lough buscó ayuda en los EE. UU., pero no encontró a nadie dispuesto a crear el Altman falso. Luego se dirigió a la India, donde eligió a un actor para el papel. El chatbot resultante fue tan poco convincente que el propio Lough admitió que “no convencería a un niño de 4 años”. El experimento subrayó lo lejos que aún está la IA de replicar los matices y la credibilidad humanos.
Limitaciones creativas de la IA
Desesperado, Lough entregó el control creativo al Altman generado por IA, solo para descubrir que sus sugerencias estaban alejadas de la realidad. Un productor afirmó sin rodeos que la entrada del robot demostraba la incapacidad de la IA para captar el contexto del mundo real. A pesar de esto, Lough se encontró desarrollando una extraña relación con la máquina.
Conexión humana con las máquinas
El documental también incluye una entrevista con la periodista tecnológica Kara Swisher, quien astutamente señaló que el apego de Lough a la IA era real, a pesar de que no era más que una herramienta sofisticada. Esto pone de relieve una tendencia creciente: los humanos forman conexiones emocionales con los sistemas de inteligencia artificial, incluso cuando carecen de una inteligencia genuina.
Implicaciones más amplias
La película aborda las batallas legales entre The New York Times y OpenAI, donde el Times alega que OpenAI utilizó su contenido protegido por derechos de autor para entrenar su IA sin compensación. Esto subraya un debate crucial sobre los derechos de propiedad intelectual en la era de la IA.
En última instancia, el documental sirve como un recordatorio de humor negro de que la IA, si bien avanza rápidamente, permanece fundamentalmente desconectada de la comprensión humana y la percepción creativa.
