La presión del Día de San Valentín a menudo lleva a compras apresuradas, pero ¿y si la inteligencia artificial pudiera ofrecer una alternativa rápida y personalizada? Una prueba exploró la facilidad con la que las herramientas de inteligencia artificial, específicamente Photoroom, podían crear una tarjeta personalizada. Los resultados fueron mixtos: funcionales, pero frustrantemente imperfectos.
La herramienta de inteligencia artificial: sala de fotos
Photoroom, lanzado en 2020, utiliza su propio modelo de inteligencia artificial entrenado en una combinación de imágenes con licencia y de código abierto. Si bien existe una versión gratuita, para acceder a sus herramientas de inteligencia artificial completas se requiere una suscripción de prueba Pro. La plataforma pretende simplificar la creación de tarjetas, pero la experiencia resultó sorprendentemente tediosa.
Primeros intentos y limitaciones de diseño
Las pruebas iniciales con mensajes pregenerados arrojaron resultados genéricos: frases cliché como “haces sonreír a mi corazón” combinadas con diseños demasiado empalagosos. La IA tuvo problemas incluso con personalizaciones menores. Las solicitudes para cambiar un corazón por un símbolo de infinito fueron ignoradas o resultaron en un caos de diseño. La herramienta parecía atrapada en una estética de “ternura ingenua”, produciendo infinitas mariposas, pájaros y animales de dibujos animados colocados de forma extraña.
La lucha iterativa
Refinar el diseño implicó ciclos de regeneración interminables. La IA a menudo ignoraba instrucciones explícitas, cambiaba las fuentes a pesar de las solicitudes de mantenerlas estáticas o agregaba texto sin sentido al azar. El proceso puso de relieve una limitación clave: las herramientas de IA actuales son deficientes a la hora de ejecutar cambios de diseño precisos.
Una prueba personal: imágenes realistas
Para probar la capacidad de la plataforma para generar algo significativo, el experimento cambió a un mensaje más personal: una imagen de dos mujeres con un bebé en la ciudad de Nueva York. La IA respondió y, por primera vez, escuchó una solicitud de modificación de texto. El resultado final fue aceptable, aunque todavía lejos de la expresión matizada de la creatividad humana.
El veredicto: imperfecto pero funcional
Si bien Photoroom puede producir una tarjeta personalizada y gratuita más rápido que un viaje a la tienda, no logra una personalización genuina. Las limitaciones de la herramienta la convierten más en una novedad que en un reemplazo de los gestos reflexivos. Como dijo un escritor, ninguna IA puede igualar la profundidad de la expresión humana, especialmente si se compara con un poema escrito a mano a partir de recuerdos compartidos.
Al final, las tarjetas generadas por IA son una solución de último momento, no un sustituto del afecto genuino. Los seres humanos todavía tienen el monopolio de los asuntos del corazón.




















