Durante siglos, los científicos han estado catalogando la vida en la Tierra. Ahora, el ritmo de descubrimiento de nuevas especies es más rápido que nunca, un avance crítico dada la aceleración del ritmo de extinción. Mientras que Carl Linneo, en el siglo XVIII, describió personalmente más de 10.000 especies, los métodos modernos están revelando un mundo oculto más rápido que nunca. El desafío no es encontrar nuevas especies, sino protegerlas antes de que desaparezcan.
La escala de lo desconocido
A pesar de décadas de exploración, se estima que sólo hemos identificado una décima parte de todas las especies de la Tierra. Esto significa que existen aproximadamente nueve especies por descubrir por cada una que conocemos. Muchos de ellos permanecen ocultos en hábitats inexplorados, colecciones de museos o incluso a plena vista, en espera de una clasificación adecuada. Como señala John Wiens, ecologista de la Universidad de Arizona: “Vivimos en un planeta poco conocido”.
Esto es importante porque las especies están desapareciendo antes de que sepamos que existen. La Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) estima que alrededor de un millón de especies están amenazadas de extinción, y las tasas actuales superan los niveles naturales entre 100 y 1.000 veces. Los más vulnerables suelen ser los menos estudiados: los invertebrados, los hongos y los organismos de las profundidades marinas.
Un aumento en los descubrimientos
Contrariamente a lo que se suponía anteriormente, el ritmo de descubrimiento de especies no se está desacelerando, sino acelerándose. Un estudio reciente de Science Advances reveló que los científicos describieron más de 16.000 nuevas especies por año entre 2015 y 2020, la tasa más alta de la historia. Aproximadamente el 15% de todas las especies conocidas se han descubierto sólo en las últimas dos décadas.
Esta aceleración está impulsada por tres factores clave:
- Revolución del ADN: Los costos de la secuenciación del genoma se han desplomado, lo que hace que los códigos de barras de ADN sean accesibles para un uso generalizado. Esto permite a los investigadores distinguir especies genéticamente distintas incluso si parecen idénticas.
- ADN ambiental (eDNA): Los científicos ahora pueden detectar especies a partir de rastros de material genético en el medio ambiente, revelando biodiversidad oculta con una alteración mínima.
- Ciencia ciudadana: Plataformas como iNaturalist han movilizado a millones de personas para fotografiar y documentar especies, complementando los estudios tradicionales.
De los cajones del museo a los océanos profundos
Se están produciendo nuevos descubrimientos en todas partes. Los científicos ciudadanos han identificado géneros completamente nuevos, como la mantis Inimia nat en Australia. Los investigadores están explorando hábitats no estudiados anteriormente, como las profundidades del océano, donde las expediciones están descubriendo cientos de nuevas especies potenciales. Incluso se están redescubriendo especies que se creían extintas, como el equidna de pico largo de Attenborough.
La urgencia de la protección
El rápido ritmo de los descubrimientos pone de relieve una paradoja crítica: estamos encontrando especies más rápidamente, pero la brecha entre nombrarlas y protegerlas se está ampliando. La proporción de especies amenazadas entre las recientemente descritas ha aumentado de aproximadamente el 12% en el siglo XVIII al 30% en la actualidad, y se proyecta que alcance casi el 50% para 2050. Algunas especies ya están en peligro crítico de extinción o funcionalmente extintas incluso antes de que se describan formalmente.
Este fenómeno, conocido como “extinción oscura”, significa que las especies desaparecen antes de que nadie sepa que existieron. La IPBES estima que más de 500.000 especies tienen un hábitat insuficiente para sobrevivir a largo plazo, lo que las convierte efectivamente en “especies muertas que caminan”.
La edad de oro del descubrimiento de especies está ocurriendo ahora, pero su éxito depende de nuestra capacidad para acelerar los esfuerzos de conservación junto con ella. La cuestión ya no es si podremos encontrar nuevas especies, sino si podremos salvarlas antes de que desaparezcan.





















