Amenazas comerciales de Estados Unidos a Europa: por qué la presión puede resultar contraproducente

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El Representante Comercial de Estados Unidos emitió recientemente una advertencia a las empresas europeas, amenazando con medidas de represalia si la Unión Europea persiste con políticas percibidas como discriminatorias hacia las empresas tecnológicas estadounidenses. Esta medida, publicada en X (anteriormente Twitter), enumera a los proveedores de servicios europeos –incluidos Accenture, Amadeus, SAP, Siemens, DHL, Capgemini, Mistral AI, Publicis y Spotify– que podrían enfrentar restricciones si la UE no flexibiliza su postura regulatoria.

Sin embargo, este enfoque de línea dura puede resultar contraproducente. En lugar de asegurar concesiones, se corre el riesgo de reforzar el sentimiento antiestadounidense dentro de Europa y fortalecer los llamados a tomar medidas aún más estrictas contra las empresas estadounidenses.

La perspectiva de la UE: más que sólo regulación

El núcleo de la disputa radica en la evolución del marco regulatorio de la UE, en particular la Ley de Mercados Digitales (DMA), la Ley de Servicios Digitales (DSA) y la próxima Ley de IA. Estas leyes tienen como objetivo frenar el dominio de las grandes empresas tecnológicas y promover una competencia más justa. Si bien Estados Unidos sostiene que estas regulaciones son proteccionistas y reprimen la innovación, la UE las considera necesarias para proteger la privacidad del consumidor, la seguridad de los datos y la diversidad del mercado.

Estados Unidos disfruta actualmente de un importante superávit comercial de servicios con la UE (más de 148.000 millones de euros), pero esta ventaja se ve amenazada por el endurecimiento regulatorio de Europa. La respuesta estadounidense, aunque comprensible desde una perspectiva empresarial, ha sido percibida como agresiva y fuera de contacto con las realidades europeas.

Por qué es probable que las amenazas fracasen

La retórica de mano dura de Estados Unidos está resultando contraproducente en varios sentidos:

  1. Radicalización, no moderación: Al enmarcar las políticas de la UE como una amenaza geopolítica, Estados Unidos corre el riesgo de distanciarse de las voces moderadas que comparten preocupaciones sobre la sobrerregulación. El mensaje se considera hostil y envalentona a quienes abogan por medidas más duras contra las empresas estadounidenses.
  2. Apalancamiento no intencionado: Al resaltar el llamado “efecto Bruselas” (la capacidad de la UE para establecer estándares regulatorios globales), Estados Unidos puede inadvertidamente alentar a otras regiones a adoptar marcos similares como influencia contra la tecnología estadounidense.
  3. Mensajes distorsionados: Las narrativas estadounidenses a menudo tergiversan las regulaciones europeas, como presentar las multas contra X (antes Twitter) como ataques a la libertad de expresión cuando en realidad están relacionadas con el acceso a datos y violaciones de transparencia. Esto socava la credibilidad.
  4. Audiencias nacionales versus audiencias europeas : los mensajes políticos estadounidenses con frecuencia se adaptan al consumo interno y no logran resonar con las perspectivas europeas matizadas.

El panorama más amplio: la sobrerregulación también perjudica a Europa

El problema no se trata sólo de las empresas estadounidenses. Las empresas europeas también están lidiando con las consecuencias de la sobrerregulación. Mario Draghi, expresidente del Banco Central Europeo, ha afirmado que el RGPD por sí solo aumenta los costes de datos para las empresas emergentes europeas en un 20% en comparación con sus homólogos estadounidenses.

La UE está intentando abordar esto a través de iniciativas como el Digital Omnibus, que busca simplificar las reglas de datos y la Ley de IA. Sin embargo, Estados Unidos debe comprometerse de manera constructiva, no mediante amenazas, para garantizar que estas reformas se alineen con la competitividad global.

El acuerdo comercial entre Estados Unidos y la UE: una oportunidad perdida

A pesar de firmar un acuerdo comercial en agosto de 2025 que prometía reducir las barreras no arancelarias, su implementación se ha estancado. Estados Unidos debería centrarse en abordar las próximas regulaciones como la Ley de Equidad Digital, que podría remodelar el mercado de la publicidad personalizada. Esperar hasta que se adopten estas leyes hará que sea imposible revertirlas.

El enfoque actual corre el riesgo de aumentar las tensiones y obstaculizar un diálogo genuino. Una estrategia más eficaz implicaría reconocer las preocupaciones europeas, entablar negociaciones constructivas y enmarcar la cuestión como un desafío compartido a la competitividad global.

En conclusión, si bien Estados Unidos tiene preocupaciones legítimas sobre las regulaciones tecnológicas europeas, es probable que sus tácticas actuales resulten contraproducentes. Se necesita un enfoque colaborativo más matizado para evitar una mayor escalada y garantizar la igualdad de condiciones para las empresas estadounidenses y europeas.